"Qué cosas tiene la vida", cuántas veces lo habremos dicho. Si es que es así, la vida tiene cosas, buenas o malas, realmente sorprendentes. Aunque me resistía a creerlo, es cierto, todo va y viene debido a ciertos ciclos que rigen nuestras vidas sin que podamos hacer nada para controlarlos. Ciclos que, en este caso, nuestro caso, querido amigo, te han acercado y alejado de mí y vuelto a acercar fugazmente para volverte a alejar y, de nuevo, a acercar, espero que esta vez ya para siempre.
Crecimos juntos en las aulas de un pequeño colegio en las que se fraguó mucho más que una amistad. Yo sin saberlo, y tú sin decirlo, tu corazón, ya no tan inocente, latía al compás de mi respiración. Cegada por la inocencia, nunca imaginé tus sufrimientos... Suerte que has vuelto para contármelo, para decirme que nunca dejaste de sentirme cerca, tan, tan cerca, que parece imposible que hayan pasado ya casi treinta, sí, treinta años.
La intensidad de tus recuerdos me ha traído a la memoria imágenes que se mecían en el sueño del olvido, momentos que se marcharon contigo; los juegos, mi fuerza, tus mejillas sonrosadas por la furia o la timidez... Nuestra infancia. La de veces que la habrás añorado... La de veces que, a miles de kilómetros de mí, habrás soñado que volvíamos a jugar juntos... La de veces que habrás deseado que desentrañara el secreto que custodiaban tus azules y enamorados ojos.
Los ciclos -esta vez la culpa es de los ciclos-, nos han vuelto a unir, para desvelarme tus secretos. Y, ya sin vendaje, veo la luz de una mirada dulce e inteligente curtida por la dureza de las circunstancias; el resplandor de los esfuerzos recompensados. Eres un luchador, pero de los que ganan y de los que saben apreciar las mieles de la victoria, porque se la merecen.
Soy afortunada, amigo, muy afortunada. Como tú dices, quién sabe, quizás en la próxima vida... ;)
27 de marzo de 2012
17 de octubre de 2011
¡Cuánto tarda la "tardor"!
"Tardor", así llamamos al otoño en valenciano. Nunca antes esta palabra ha definido tan bien a una estación que está tardando demasiado en llegar a esta tierra privilegiada. Si bien es cierto que por la noche refresca un poquito, los días siguen siendo soleados y calurosos. A mí me gustan relucientes, espléndidos, pero no tan sofocantes. De hecho, mis días preferidos son esos de invierno en los que hace un frío que pela y sientes en la punta de la nariz la tibieza de los rayos del astro rey, que reluce orgulloso y solitario en el cielo.
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| Mi Dénia en malvas... |
Este año parece que el verano se resiste a dejar paso a la "tardor" y por eso ésta tarda tanto en bañarlo todo de ocres y malvas... Y digo que no se va, no sólo climatológicamente hablando. En mi vida también el verano sigue dando sus últimos coletazos... Claro, el clima invita a pasear, salir y disfrutar al aire libre... Hablando del verano, hacía tanto que las musas no me visitaban que no os he contado todo lo bueno que sucedió, como la aventura que viví con mi amiga la "flor rara" en el Festival Periférico 2, en la Masía la Torre de Nogueruelas (Teruel). A pesar de las peripecias para ir, y más aún para volver, en moto (4 horas de viaje, niebla, frío, tráfico y avería del motor), mereció la pena. Por supuesto, os recomiendo la experiencia: un fin de semana perdidos en un bello paraje rural, con tienda de campaña, bajo un cielo colmado de estrellas (nunca había visto nada semejante), disfrutando de conciertos, monólogos, cuentacuentos, proyecciones... Y de nivel, ¿eh?
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| Las peques y su puesto de limonadas en Les Rotes, ¡qué gran momento y qué éxito! |
Pero, pero, pero..., eso no fue lo mejor del verano, que vino después. Y es que, sin esperarlo, entraron en mi vida dos pequeñas princesitas muy, pero que muy especiales, a las que estuve ayudando con el repaso de las asignaturas del cole. Fueron tres semanas tan sólo, más que suficientes para encariñarnos, sobre todo yo, porque de ellas es difícil no prendarse rápidamente. Listas, guapas, divertidas y aplicadas como ellas solas, algo fuera de lo común hoy en día. La mayor de "mis peques" es también bloguera y apunta maneras como escritora y/o dramaturga. La más pequeña tiene gracia, salero y una energía desbordante que le llevará a conseguir lo que ella quiera. Lástima que hasta el próximo verano no han de volver... Me echan de menos, como yo a ellas, o al menos eso me han dicho. Me llamaron hace unos días. ¡Me emocioné tanto!
20 de junio de 2011
¿Por qué las iaias son tan buenas?
El día ha comenzado con una pregunta dulce y agradecida de mi peque: "mami, ¿por qué todas las iaias (yayas) son tan buenas?". Está encantado con la suya , que lo malcría a base de bien. Pero la cosa no ha quedado ahí. He estado con mi amado Patrick y hemos tenido que pasar por casa de su abuela, a la que siento ya casi como mía porque me acoge como a una más de la familia y derrocha conmigo afecto y generosidad. Además, he visto hoy el post de una bloguera amiga de La culpa es de Milú en el que muestra unas preciosas licoreras que le regaló su abuela.
Vamos, que no he podido evitarlo, estaba predestinado, hoy tenía que hablar de mi abuela y contaros que mi devoción hacia ella era tan grande que no tiene fin y estoy segura que llegará hasta el último de mis días. ¡La echo tanto de menos! Aunque sé que está conmigo y estoy convencida de que es mi ángel de la guarda, que me cuida y me protege cada día. Espero que me guardéis el secreto.
Se llamaba, se llama María. Tenía una frondosa mata de lana plateada coronando su pequeña cabeza. Era bajita y rechoncha y andaba de forma algo renqueante, como un pingüinito, tambaleando su cuerpecillo ligeramente de lado a lado por las calles de su Zamora (la mi Zamora, decía). Me adoraba, era fan fatal de su nieta y lo remarcaba con un orgullo y una pasión que me hacían sentir grande, muy, muy grande... Cuando iba a visitarla me paseaba por las calles zamoranas más centricas para presumir de nieta, y de nieto también, de camino hacia el mercado en el que nos compraba verduras y carne de primera y algún que otro capricho. Luego preparaba unas ensaladas, un pollo guisado y un arroz con leche que nunca dejaré de echar en falta.
En su casa compartíamos cuarto. Siempre tenía en la garganta una especie de tosecilla-carraspera y el carácter independiente dejó como huella el hábito de hablar sola y entre dientes, sobre todo a la hora del rezo antes de acostarse. Tenía una pequeña virgen en la mesita, de las que se iluminan por la noche, que guardaba sus sueños y a veces desvelaba los míos por falta de costumbre. Pero la luz me permitía comprobar que mi abuela estaba a mi lado y que al día siguiente volvería a desvivirse por la nieta más guapa y más lista del mundo.
Antes de irse, mi abuela pudo conocer a dos bisnietos, ¡qué grande! Me apena que mi peque no la recuerde, pero se la imagina tan buena como la suya por todo lo que le cuento de ella. Doy gracias porque en mi familia no ha habido más fallecimientos que los de mis abuelos. Pero con ellos he aprendido que la muerte, además de cruel, tiene un punto de absurda. Cruel porque se lleva a alguien que estimas y que necesitas..., absurda porque en realidad no se lo lleva. Mi abuela, mi María, sigue en mí.
Vamos, que no he podido evitarlo, estaba predestinado, hoy tenía que hablar de mi abuela y contaros que mi devoción hacia ella era tan grande que no tiene fin y estoy segura que llegará hasta el último de mis días. ¡La echo tanto de menos! Aunque sé que está conmigo y estoy convencida de que es mi ángel de la guarda, que me cuida y me protege cada día. Espero que me guardéis el secreto.
Se llamaba, se llama María. Tenía una frondosa mata de lana plateada coronando su pequeña cabeza. Era bajita y rechoncha y andaba de forma algo renqueante, como un pingüinito, tambaleando su cuerpecillo ligeramente de lado a lado por las calles de su Zamora (la mi Zamora, decía). Me adoraba, era fan fatal de su nieta y lo remarcaba con un orgullo y una pasión que me hacían sentir grande, muy, muy grande... Cuando iba a visitarla me paseaba por las calles zamoranas más centricas para presumir de nieta, y de nieto también, de camino hacia el mercado en el que nos compraba verduras y carne de primera y algún que otro capricho. Luego preparaba unas ensaladas, un pollo guisado y un arroz con leche que nunca dejaré de echar en falta.
En su casa compartíamos cuarto. Siempre tenía en la garganta una especie de tosecilla-carraspera y el carácter independiente dejó como huella el hábito de hablar sola y entre dientes, sobre todo a la hora del rezo antes de acostarse. Tenía una pequeña virgen en la mesita, de las que se iluminan por la noche, que guardaba sus sueños y a veces desvelaba los míos por falta de costumbre. Pero la luz me permitía comprobar que mi abuela estaba a mi lado y que al día siguiente volvería a desvivirse por la nieta más guapa y más lista del mundo.
Antes de irse, mi abuela pudo conocer a dos bisnietos, ¡qué grande! Me apena que mi peque no la recuerde, pero se la imagina tan buena como la suya por todo lo que le cuento de ella. Doy gracias porque en mi familia no ha habido más fallecimientos que los de mis abuelos. Pero con ellos he aprendido que la muerte, además de cruel, tiene un punto de absurda. Cruel porque se lleva a alguien que estimas y que necesitas..., absurda porque en realidad no se lo lleva. Mi abuela, mi María, sigue en mí.
2 de junio de 2011
La culpa... pierde el "sentío"
Espero que recordéis, quienes seguís a La culpa es de Milú desde su (cercano) inicio, un post en el que os hablaba de "Un pedacito del paraíso". Por si acaso os refresco la memoria. Contaba en él que descubrí un rinconcito maravilloso, lleno de encanto, en el puerto de Xàbia (Jávea). Un rinconcito que despertó mi imaginación y provocó en mí la necesidad de encontrar a alguien interesante con quien compartirlo, convirtiéndolo en una cálida estampa intimista. Inteligente, atractivo, sensible, conversador y ¡¡fumador!! eran las condiciones para considerar al sujeto como interesante. Y destaco lo de fumador porque, sin saber el porqué, el rinconcito mágico de Xàbia me llevó a desear una velada entre humos, brisas y salitres.
Quiero confesar, con una gran dosis de rubor y de desconcierto, que lo he encontrado. Bueno, más bien ha aparecido. Si no fuera porque tiene un aspecto muy, pero que muy masculino, os diría que ha surgido de las aguas, como las sirenas. Y me siento frágil, desorientada...
Me veo torpe en estas lides. Creo que me costaría incluso escribirle. ¡Hablar se me da tan mal! No os lo podéis ni imaginar. Me habla y no sé qué decirle, ni cómo ponerme para no parecer tonta, que lo parezco, seguro. No soy capaz de centrarme en sus palabras porque tengo que invertir todas mis fuerzas en evitar que mis ojos se pierdan en su mirada, en mantener la distancia, en acallar mis deseos, casi en vano...
Me concentro en mis sentidos, creo que me palpitan hasta las pupilas. No sé qué hacer para no preguntarme cómo serán las caricias de esas jóvenes manos, para no preguntarle si vendría conmigo a un rincón mágico, para no anhelar el roce de sus labios.
Me siento frágil, desorientada..., y dichosa. La suerte me acompaña, estoy segura. Pocas veces en la vida te encuentras con un hombre atractivo, sensible, tímido, alegre y reflexivo que te altera todos los sentidos.
Si la diosa Fortuna me sigue sonriendo, puede que algún día el eco de mi risa resuene en el paraíso. ;)
Quiero confesar, con una gran dosis de rubor y de desconcierto, que lo he encontrado. Bueno, más bien ha aparecido. Si no fuera porque tiene un aspecto muy, pero que muy masculino, os diría que ha surgido de las aguas, como las sirenas. Y me siento frágil, desorientada...
Me veo torpe en estas lides. Creo que me costaría incluso escribirle. ¡Hablar se me da tan mal! No os lo podéis ni imaginar. Me habla y no sé qué decirle, ni cómo ponerme para no parecer tonta, que lo parezco, seguro. No soy capaz de centrarme en sus palabras porque tengo que invertir todas mis fuerzas en evitar que mis ojos se pierdan en su mirada, en mantener la distancia, en acallar mis deseos, casi en vano...
Me concentro en mis sentidos, creo que me palpitan hasta las pupilas. No sé qué hacer para no preguntarme cómo serán las caricias de esas jóvenes manos, para no preguntarle si vendría conmigo a un rincón mágico, para no anhelar el roce de sus labios.
Me siento frágil, desorientada..., y dichosa. La suerte me acompaña, estoy segura. Pocas veces en la vida te encuentras con un hombre atractivo, sensible, tímido, alegre y reflexivo que te altera todos los sentidos.
Si la diosa Fortuna me sigue sonriendo, puede que algún día el eco de mi risa resuene en el paraíso. ;)
1 de junio de 2011
Sorteo en Ministry of deco
¡Hola!
En el blog Ministry of deco mi amiga Elena ha puesto en marcha un sorteo de joyitas de La culpa es de Milú. Os animo a tod@s, sin excepción, a que os paséis por él y os informéis de cómo podéis ganar el premio, que son dos sortijas, una pulsera y un broche ideales para lucir en lo que nos queda de primavera y en los días y noches del tan esperado verano (a la vuelta de la esquina ya, no desaniméis).
Pues eso, no lo dudéis, visitad Ministry of deco y, además de poneros al día en cuanto a todo lo que se refiere a la decoración, también podéis participar en el sorteo y conseguir (by the face ;)) unas piezas de bisutería artesana.
Ea, que haya suerte. Y, a l@s recién llegad@s, gracias por la visita, espero que no sea corta.
http://ministryofdeco.blogspot.com/2011/06/sorteo-en-el-blog.html
En el blog Ministry of deco mi amiga Elena ha puesto en marcha un sorteo de joyitas de La culpa es de Milú. Os animo a tod@s, sin excepción, a que os paséis por él y os informéis de cómo podéis ganar el premio, que son dos sortijas, una pulsera y un broche ideales para lucir en lo que nos queda de primavera y en los días y noches del tan esperado verano (a la vuelta de la esquina ya, no desaniméis).
Pues eso, no lo dudéis, visitad Ministry of deco y, además de poneros al día en cuanto a todo lo que se refiere a la decoración, también podéis participar en el sorteo y conseguir (by the face ;)) unas piezas de bisutería artesana.
Ea, que haya suerte. Y, a l@s recién llegad@s, gracias por la visita, espero que no sea corta.
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