20 de junio de 2017

El silencio

Hoy te voy a confesar algo por lo que me miran mal:
Me gusta el silencio.
Evidentemente, no el silencio absoluto, sino ese que me permite escuchar
los latidos del corazón.
Ese silencio en el que me abordan estos pensamientos.
Me molestan tanto los parloteos...
Si todo el mundo habla, dime,
¿quién demonios escucha?
Aunque, hablar, hablar, lo que se dice hablar,
ya nadie habla.
Sólo oigo egos, frases prefabricadas, chorradas varias,
copiadas del programa de moda de la televisión,
de la red social del momento.
No hay razón ni fundamentos...
Pensarás que soy una inadaptada,
pero ya ni siquiera escucho.
No quiero parecer altiva,
no me juzgues, porque no lo soy.
Solo me gusta mirar con perspectiva.
Y en silencio.


4 de junio de 2017

Y punto feliz



Hoy es el día en el que tengo que hablarte de ese punto en el que me encuentro. Sí, ya, ya lo sé. Normalmente los puntos son suspensivos, y aparte, sobre las íes, y coma o finales. Pero este, mi punto, es feliz como una perdiz. Feliz tras un final que, sin quererlo, ha sido un gran comienzo.

Hace un año ya que me sumergí en las turbulentas aguas del renacimiento. De golpe se abrieron las heridas y yo me sentí más que perdida, oscura, arrepentida. Pero jamás me rendí.

Le perdí...

Me encontré.

He cosido las heridas lento, a mano y con cuidado. Punto por punto, hilada tras hilada. He sido egoísta. Tanto que no puedo dejar de reír, me, yo, conmigo, de mí. No necesito nada, ni a nadie...

Ya no hay dolor, dejó de haberlo hace mucho. ¡Fue tan bello lo que hallé en mi interior!

Ahora hago el amor con la vida cada mañana. Y le doy las gracias por poder compartirla con esos seres tan maravillosos que me acompañan. Porque, aunque no te lo creas, yo tengo mi punto.

Mi punto feliz.

24 de mayo de 2017

Quiero

Quiero volar y dejarme llevar.
Quiero caer
y volverme a levantar.
Quiero reír sin dejar de llorar.
Desfallecer,
y volverme a encontrar.
Quiero sentir, amar,
enloquecer...
Quiero vivir, gritar,
correr, 
huir, 
luchar... 
sin volver la vista atrás.




19 de julio de 2014

Como el pepino...

Casi un mes ya desde la última publicación... La culpa es de Milú, temperamental, idealista, soñadora, se mueve por instito, por impulsos viscerales..., siempre necesitada de las musas. ¿Qué hacer cuando ni la inspiración, ni la motivación acompañan? Paciencia, volverán... Han vuelto.

El pequeño huerto de mi padre ha empezado a dar sus frutos. Ensalada con un poco de lechuga comprada y los sabrosos tomates y pepinos del abuelo (el iaio). Cortando el pepino he recordado que hasta que no tuve uso de razón y alguien me dijo que si los cortabas por el lado equivocado amargaban, yo ni me había dado cuenta. Osea, que para mí los pepinos empezaron a amargar en el momento en que alguien me lo dijo, es más, desde entonces o nunca he sabido cortarlos bien, o es que siempre los encuentro acerbos.

Lo mismo se podría decir de la propia vida que, como el pepino, empieza a amargar cuando alguien te advierte de que no todo es fácil y alegre. Hay a quienes les empieza a acibarar en ese preciso instante y ya nunca más le encuentran el punto dulce, quizá porque, como pasa con los pepinos, nunca han sabido por dónde han de cortar.

Sin embargo, nunca pierdo la esperanza. Sigo empeñándome en encontrar el lado correcto y, aunque amarga a veces, la vida es un suculento manjar de los que hay que disfrutar más allá de consciencias, más allá de advertencias.

10 de junio de 2014

Feliz y orgullosa

No hace mucho tiempo ni me imaginaba que un día iba a escribir lo que realmente me diera la gana, sin dictados y sin premisas. Aunque llevo muchísimos años dedicándome a expresarme a través de la escritura, bueno, más bien a redactar, nunca pensé en desnudar mi alma. Y si lo consideré alguna vez siempre había una pregunta que me apartaba de la idea: "¿a quién le puede interesar lo que yo escriba?".


Hete aquí que, por unas cosas o por otras, llegó el momento de exponer en público una parte de mí, la de La culpa es de Milú, que casi nadie conocía. Comencé una nueva etapa para dar vida a La culpa..., creé un blog para promocionar mis creaciones, pero me he dejado llevar por el instinto y en los últimos posts me he dedicado a hacer lo que realmente me apetece hacer: contar cosas.


Os hablo de esto porque ha habido un momento en el que casi, casi, me he arrepentido de descerrajar los sellos de mi corazón y dejar fluir mis emociones. Casi, casi.., pero no, no pienso hacerlo, ¡nunca! Por fin hago y digo lo que deseo, lo que me pide el cuerpo, lo que me suspira el alma... Estoy feliz y orgullosa.


Y ya que estaba envalentonada, lo de dejarme llevar lo he aplicado a otros aspectos de mi vida. He tomado la iniciativa, he sacado la cabeza y he dicho quién soy y qué es lo que pienso, alto, claro y sincero... Es la primera vez en mi vida que mi profesión me ha sido realmente útil y complacedora. Como podéis imaginar..., estoy más feliz y más orgullosa aún.


Pero lo mejor de todo es que la pregunta que me planteaba ya tiene respuesta, una respuesta que cualquiera desearía, pero yo no esperaba y que me llega día a día a través de vuestros comentarios y -estoy impresionada-, con mucho apoyo, afecto y felicitaciones en la calle. Más feliz y más orgullosa es casi imposible. GRACIAS.