10 de julio de 2017

A las buenas gentes o gentes buenas

El de ayer fue un día especialmente soleado, y no me refiero a la climatología, sino al brillo que cobró el día gracias a las buenas gentes o gentes buenas. No es frecuente, creo, aunque no soy partidaria nunca de las generalizaciones, darle importancia a los pequeños detalles. Sin embargo, yo pongo cada vez más atención en ellos, porque me hacen feliz.

Pues, eso. Ayer me hizo feliz un pequeño, algunos dirían que minúsculo, detalle. Un detallazo para mí. No puedo deciros quién fue mi salvadora, porque fue una desconocida, pero su buena acción sí que puedo contárosla: me salvó el trasero con una toallita húmeda. Sí, sí, así fue, tal cual. La cosa es que al salir de casa para hacer unos recados con la moto, me encontré con que ésta estaba llena de tierra por la lluvia de barro que cayó hace unos días. El asiento era marrón en vez de negro y mi vestidito mono y reluciente... Debí poner cara de póquer mientras pensaba: "voy a tener que subir a casa para coger un trapo y limpiar esto porque me voy a poner perdida de tierra". En ese preciso instante pasó mi salvadora por la calzada y se percató de la situación. Tras dar unos pasos, regresó sobre los mismos hasta llegar a mí, haciendo gala de una gran empatía. Con una mano me dio unos golpecitos en el hombro, mientras sostenía en el otro una toallita refrescante que podría servir para solucionarme el problema, pensó. Me la entregó y desapareció casi sin darme tiempo a mostrarle mi total agradecimiento. Me dejó con una gran sonrisa en los labios, la mejor forma de comenzar el día.

Ya de camino hacia mi destino, con el culo y el vestido a salvo, me puse a pensar en esta pequeña anécdota. Me di cuenta de que si bien es cierto que hay mucha gente que prefiere mirar hacia otro lado ante las dificultades ajenas, también hay quienes están dispuestas a echar un cable. Todo esto me llevó a los hermanos Zipi y Zape, cuyas aventuras no me perdía cuando era algo más pequeña que ahora. Recordé sus esfuerzos por llevar a cabo unas buenas acciones que se convertían en vales para obtener piezas de la ansiada bicicleta que nunca llegaba. Zipi y Zape realizaban buenas acciones, o al menos lo intentaban, con el objetivo de conseguir algo a cambio. Mi salvadora no esperó ni un simple gesto de agradecimiento. Menos mal, porque no llevaba nada a mano para hacerle un vale. ;)

Digo yo que ayer era mi día de suerte, porque a la hora de comer, no solo compartí mesa con una gente a la que acabo de conocer, sencilla, de mente abierta, interesante y generosa, sino que de postre recibí una lluvia de regalos inesperados. Me han agasajado con un buen champange, unas confituras artesanas y unos dulces típicos, venidos de la vecina tierra francesa, que da muy buenos frutos, os lo aseguro. No puedo evitar preguntarme si me merezco tantos y tan buenos presentes. Pero digo yo que si el destino se está empeñando en poner a buenas gentes o gentes buenas en mi camino, será por algo, ¿no? Sea por lo que fuere, yo no puedo estar más que agradecida.

20 de junio de 2017

El silencio

Hoy te voy a confesar algo por lo que me miran mal:
Me gusta el silencio.
Evidentemente, no el silencio absoluto, sino ese que me permite escuchar
los latidos del corazón.
Ese silencio en el que me abordan estos pensamientos.
Me molestan tanto los parloteos...
Si todo el mundo habla, dime,
¿quién demonios escucha?
Aunque, hablar, hablar, lo que se dice hablar,
ya nadie habla.
Sólo oigo egos, frases prefabricadas, chorradas varias,
copiadas del programa de moda de la televisión,
de la red social del momento.
No hay razón ni fundamentos...
Pensarás que soy una inadaptada,
pero ya ni siquiera escucho.
No quiero parecer altiva,
no me juzgues, porque no lo soy.
Solo me gusta mirar con perspectiva.
Y en silencio.


4 de junio de 2017

Y punto feliz



Hoy es el día en el que tengo que hablarte de ese punto en el que me encuentro. Sí, ya, ya lo sé. Normalmente los puntos son suspensivos, y aparte, sobre las íes, y coma o finales. Pero este, mi punto, es feliz como una perdiz. Feliz tras un final que, sin quererlo, ha sido un gran comienzo.

Hace un año ya que me sumergí en las turbulentas aguas del renacimiento. De golpe se abrieron las heridas y yo me sentí más que perdida, oscura, arrepentida. Pero jamás me rendí.

Le perdí...

Me encontré.

He cosido las heridas lento, a mano y con cuidado. Punto por punto, hilada tras hilada. He sido egoísta. Tanto que no puedo dejar de reír, me, yo, conmigo, de mí. No necesito nada, ni a nadie...

Ya no hay dolor, dejó de haberlo hace mucho. ¡Fue tan bello lo que hallé en mi interior!

Ahora hago el amor con la vida cada mañana. Y le doy las gracias por poder compartirla con esos seres tan maravillosos que me acompañan. Porque, aunque no te lo creas, yo tengo mi punto.

Mi punto feliz.

24 de mayo de 2017

Quiero

Quiero volar y dejarme llevar.
Quiero caer
y volverme a levantar.
Quiero reír sin dejar de llorar.
Desfallecer,
y volverme a encontrar.
Quiero sentir, amar,
enloquecer...
Quiero vivir, gritar,
correr, 
huir, 
luchar... 
sin volver la vista atrás.




19 de julio de 2014

Como el pepino...

Casi un mes ya desde la última publicación... La culpa es de Milú, temperamental, idealista, soñadora, se mueve por instito, por impulsos viscerales..., siempre necesitada de las musas. ¿Qué hacer cuando ni la inspiración, ni la motivación acompañan? Paciencia, volverán... Han vuelto.

El pequeño huerto de mi padre ha empezado a dar sus frutos. Ensalada con un poco de lechuga comprada y los sabrosos tomates y pepinos del abuelo (el iaio). Cortando el pepino he recordado que hasta que no tuve uso de razón y alguien me dijo que si los cortabas por el lado equivocado amargaban, yo ni me había dado cuenta. Osea, que para mí los pepinos empezaron a amargar en el momento en que alguien me lo dijo, es más, desde entonces o nunca he sabido cortarlos bien, o es que siempre los encuentro acerbos.

Lo mismo se podría decir de la propia vida que, como el pepino, empieza a amargar cuando alguien te advierte de que no todo es fácil y alegre. Hay a quienes les empieza a acibarar en ese preciso instante y ya nunca más le encuentran el punto dulce, quizá porque, como pasa con los pepinos, nunca han sabido por dónde han de cortar.

Sin embargo, nunca pierdo la esperanza. Sigo empeñándome en encontrar el lado correcto y, aunque amarga a veces, la vida es un suculento manjar de los que hay que disfrutar más allá de consciencias, más allá de advertencias.

10 de junio de 2014

Feliz y orgullosa

No hace mucho tiempo ni me imaginaba que un día iba a escribir lo que realmente me diera la gana, sin dictados y sin premisas. Aunque llevo muchísimos años dedicándome a expresarme a través de la escritura, bueno, más bien a redactar, nunca pensé en desnudar mi alma. Y si lo consideré alguna vez siempre había una pregunta que me apartaba de la idea: "¿a quién le puede interesar lo que yo escriba?".


Hete aquí que, por unas cosas o por otras, llegó el momento de exponer en público una parte de mí, la de La culpa es de Milú, que casi nadie conocía. Comencé una nueva etapa para dar vida a La culpa..., creé un blog para promocionar mis creaciones, pero me he dejado llevar por el instinto y en los últimos posts me he dedicado a hacer lo que realmente me apetece hacer: contar cosas.


Os hablo de esto porque ha habido un momento en el que casi, casi, me he arrepentido de descerrajar los sellos de mi corazón y dejar fluir mis emociones. Casi, casi.., pero no, no pienso hacerlo, ¡nunca! Por fin hago y digo lo que deseo, lo que me pide el cuerpo, lo que me suspira el alma... Estoy feliz y orgullosa.


Y ya que estaba envalentonada, lo de dejarme llevar lo he aplicado a otros aspectos de mi vida. He tomado la iniciativa, he sacado la cabeza y he dicho quién soy y qué es lo que pienso, alto, claro y sincero... Es la primera vez en mi vida que mi profesión me ha sido realmente útil y complacedora. Como podéis imaginar..., estoy más feliz y más orgullosa aún.


Pero lo mejor de todo es que la pregunta que me planteaba ya tiene respuesta, una respuesta que cualquiera desearía, pero yo no esperaba y que me llega día a día a través de vuestros comentarios y -estoy impresionada-, con mucho apoyo, afecto y felicitaciones en la calle. Más feliz y más orgullosa es casi imposible. GRACIAS.

27 de febrero de 2014

De "guruses" y otras apariencias

Que me da por pensar, últimamente, en esas cosas profundas de la vida que son las que ya no tenemos tiempo de analizar porque la cosa va a una velocidad de vértigo. Y entre las pocas conclusiones que he extraído, equivocadas, seguramente, me quedo con una, la que más rabia me da, que para eso soy yo la que escribe, ea.

Ando en estas semanas de lo más ajetreada con un curso relacionado con Internet y las redes sociales, ese maravilloso mundo que todo lo va a solucionar (sí, ya, ja ja). A medida que pasan las clases y nos fulminamos las horas a base de supuestas lecciones interesantísimas para convertirnos en unos cracs de la red (sí, ya, ja ja), crece la percepción con la que entré en estas aulas; que si no acabo de adaptarme a estas cosas es porque el pilar sobre el que sustentan son las apariencias.

Veo a diario casos de marcas: empresas o personas (sí, a las personas se les reduce a la misma consideración que una etiqueta), que triunfan y fracasan en la red en cuestión de meses, semanas, incluso días u horas. Todo ello en función de lo que aparenten ser, porque en la red no cuenta lo que eres, sino lo que vendes. Con "lo que vendes" no hablo del producto o cantidad de productos, sino de lo que dices que eres y puedes ofrecer a los demás... No sé si me explico, pero es bien sencillo.

Basta con escuchar al público, a la gente que entra a las redes y cuenta sus cosas, para saber lo que buscan. Una vez que sabes lo que quieren tan sólo tienes que ponerle a tu marca una nueva máscara y hacer saber a ese público que tú o tu empresa sois precisamente lo que está buscando. Eso es... Aparentar.



Así, hay un montón de casos de gentes que lo hacen muy bien en la red, vendiendo de forma original, estudiada y diseñada (eso sí, hay que reconocerlo), una imagen de la nada de lo más apetecible. Y triunfan...

También conozco personas que en el cara a cara demuestran una gran inseguridad y destilan cierto poso de amargura, que se dedican a difundir mensajes positivos y recomendaciones para alcanzar la felicidad que se supone que les embarga. Y triunfan...

Luego están los famosos "guruses" de la red, que viven de dar lecciones a los demás copiando sus ideas de los post que escriben autores anglosajones en sus blogs. Lo mejor de todo es que se les considera "guruses" cuanto mayor es el número de seguidores que tiene su comunidad y eso, en algunos casos, se puede incluso comprar. Cuando se enfrentan al cara a cara en un aula se les ve el plumero. Y triunfan...

Podría seguir poniendo ejemplos, pero creo que ya tenéis suficientes. Sin quitarles el mérito, porque eso de llevar una máscara y aparentar ser quien no eres me parece harto difícil, todos ellos utilizan la misma técnica. No es nada complicado porque, al fin y al cabo, lo que todos queremos es ser felices. Nos fijamos en los pequeños detalles que nos simplifican la vida y perseguimos objetivos bastante comunes en la vida (trabajo, hogar, familia)... O sea, somos todos carne de cañón para quienes no tienen ni valores, ni escrúpulos. Pero triunfan...

Imagen: http://www.flickr.com/photos/navroopsehmi/239313194/

13 de septiembre de 2012

El miedo, la desconfianza...

... ¿de qué nos sirven? Sí, ya sé, que no se puede uno o una confiar demasiado, que es algo temerario a veces, pero... ¿de veras que el miedo nos va a ayudar en algo? ¿Acaso no hay veces en que basta una mirada a los ojos para saber si se debe o no confiar? Y, en caso de duda, ¿nos va a permitir la desconfianza evitar el posible golpe o confrontación? ¿Nos hacen felices, naturales, espontáneos?, ¿nos invitan a disfrutar de la vida? ¿Es lo mismo miedo, desconfianza, que prudencia y observación?


La culpa es de Milú no quiere abrumaros con preguntas, sino más bien que aportéis vuestras respuestas... a ver, a ver, y usted... ¿qué opina?

14 de agosto de 2012

A de aroma, de amistad, de agradecimiento

No os he contado (aún) que una de mis mayores alegrías es comprobar que los personajes de esta pequeña gran trama se han ido reconociendo a sí mismos en cada una de las historias que La culpa es de Milú os ha ido contando. Como se suele decir, son todos los que están, pero no están todos los que son, y eso hay que arreglarlo. Pero esta vez será más complicado. He de sumar a una mujer con la que, entre risas y lágrimas infusionadas, he descubierto que comparto mucho más de lo que a priori podría parecer. Tan sólo unas pocas pistas voy a dar, ¿conseguiré su reflejo?


Han sido pequeños pasos, pero nos han ido acercando tanto que, por fin, ni el mismísimo Popeye podría desligar el nudo. Nuestra comunidad no se limita al gusto por las cosas buenas de la vida, como el arte, la amistad o los paladares puros y originales, sino que se extiende a lo que a veces nos produce algún que otro sinsabor y los demás observan con menos entendimiento, como las inclinaciones estéticas, ciertas inquietudes político-sociales y la pasión con la que vivimos las experiencias que la vida nos ofrece. E, incluso, llega, qué bello ha sido comprobarlo, a las propias experiencias.


Secretos a medio guardar en latitas esmaltadas que esconden momentos agridulces no del todo digeridos; aromáticas confidencias a puerta cerrada que han ayudado, sin pretenderlo, a restañar viejas heridas. ¡Quién lo hubiera dicho!, dos corazones tan desiguales, unidos por tormentos tan similares. Tus escuchas, tus palabras, tu confianza y tus alientos, han sido siempre y ahora, amiga, sin reparos y sin condicionamientos. Nunca habrá suficientes muestras de agradecimiento.


18 de mayo de 2012

Mis (des)propósitos

Mi última ruptura sentimental marcó, no sé si casualmente, el inicio de una larga etapa llena de despropósitos. En lo laboral, lo personal, lo emocional... nada ha salido del todo bien, ni tampoco del todo mal, hasta ahora. El vaso se ha ido llenando de sinsabores hasta que finalmente, es lo normal, ha arribado la gota que lo ha colmado. Quizá el error haya sido ese, dejar que las cosas sucedieran sin pararme a analizarlas y, sobretodo, a analizarme. He ido dejando que ocurriera, dando por sentado que mis pocas habilidades sociales, que mis errores, mis reacciones y las acciones de quienes me rodean no eran más que algo pasajero y que no había nada bajo la epidermis. Desbordado el caudal, ha llegado el momento de adentrarse en las profundidades.

Quizá a algunos les resulte demasiado violento o algo postizo que desnude mi alma en estas líneas, pero no se me ocurrió mejor forma de hacerlo. No es por necesidad de justificarme, sino de reafirmarme en mi decisión y no me siento capaz de hacerlo ante los ojos de nadie, así es mucho más fácil.


Es el momento. Tengo que hacer un alto en el camino porque no sé adónde me lleva. Voy a meterme en la cueva para arrancarme las espinas, voy a bucearme para hallar las razones, voy a prepararme para afrontar de nuevo otra etapa del destino. Los errores, encontrarlos para intentar no volver a caer en ellos; descubrir el modo de vencer los miedos porque a estas alturas ya no se puede exigir responsabilidades a quienes me los infundaron. Están ahí, hay que superarlos. No sé cómo... quiero saberlo.

No pido perdón, pero sí. A mí misma y a quienes han de perdonarme. En este principio de autoanálisis, me viene a la cabeza una pequeña anécdota. Una madre que va a por sus hijos al colegio contiguo al de mi peque suele dejar su coche en doble fila, y no durante unos pocos minutos. Un día, veinte minutos después de la salida del colegio quise sacar mi coche pero el suyo me lo impedía. Me enfadé muchísimo con ella, le dije de todo. Pues bien, desde entonces siempre que me ve me sonríe y me saluda amablemente. Esa es la actitud.

Si me han hecho daño... ¿acaso no he hecho daño yo también? Volveré a sacar la cabeza y volverán a fallarme, volveré a fallar, pero ya no será igual. Es el momento de darle al botón.

27 de marzo de 2012

En la próxima vida...

"Qué cosas tiene la vida", cuántas veces lo habremos dicho. Si es que es así, la vida tiene cosas, buenas o malas, realmente sorprendentes. Aunque me resistía a creerlo, es cierto, todo va y viene debido a ciertos ciclos que rigen nuestras vidas sin que podamos hacer nada para controlarlos. Ciclos que, en este caso, nuestro caso, querido amigo, te han acercado y alejado de mí y vuelto a acercar fugazmente para volverte a alejar y, de nuevo, a acercar, espero que esta vez ya para siempre.


Crecimos juntos en las aulas de un pequeño colegio en las que se fraguó mucho más que una amistad. Yo sin saberlo, y tú sin decirlo, tu corazón, ya no tan inocente, latía al compás de mi respiración. Cegada por la inocencia, nunca imaginé tus sufrimientos... Suerte que has vuelto para contármelo, para decirme que nunca dejaste de sentirme cerca, tan, tan cerca, que parece imposible que hayan pasado ya casi treinta, sí, treinta años.


La intensidad de tus recuerdos me ha traído a la memoria imágenes que se mecían en el sueño del olvido, momentos que se marcharon contigo; los juegos, mi fuerza, tus mejillas sonrosadas por la furia o la timidez... Nuestra infancia. La de veces que la habrás añorado... La de veces que, a miles de kilómetros de mí, habrás soñado que volvíamos a jugar juntos... La de veces que habrás deseado que desentrañara el secreto que custodiaban tus azules y enamorados ojos.



Los ciclos -esta vez la culpa es de los ciclos-, nos han vuelto a unir, para desvelarme tus secretos. Y, ya sin vendaje, veo la luz de una mirada dulce e inteligente curtida por la dureza de las circunstancias; el resplandor de los esfuerzos recompensados. Eres un luchador, pero de los que ganan y de los que saben apreciar las mieles de la victoria, porque se la merecen.

Soy afortunada, amigo, muy afortunada. Como tú dices, quién sabe, quizás en la próxima vida... ;)

17 de octubre de 2011

¡Cuánto tarda la "tardor"!

"Tardor", así llamamos al otoño en valenciano. Nunca antes esta palabra ha definido tan bien a una estación que está tardando demasiado en llegar a esta tierra privilegiada. Si bien es cierto que por la noche refresca un poquito, los días siguen siendo soleados y calurosos. A mí me gustan relucientes, espléndidos, pero no tan sofocantes. De hecho, mis días preferidos son esos de invierno en los que hace un frío que pela y sientes en la punta de la nariz la tibieza de los rayos del astro rey, que reluce orgulloso y solitario en el cielo.

Mi Dénia en malvas...
Este año parece que el verano se resiste a dejar paso a la "tardor" y por eso ésta tarda tanto en bañarlo todo de ocres y malvas... Y digo que no se va, no sólo climatológicamente hablando. En mi vida también el verano sigue dando sus últimos coletazos... Claro, el clima invita a pasear, salir y disfrutar al aire libre... Hablando del verano, hacía tanto que las musas no me visitaban que no os he contado todo lo bueno que sucedió, como la aventura que viví con mi amiga la "flor rara" en el Festival Periférico 2, en la Masía la Torre de Nogueruelas (Teruel). A pesar de las peripecias para ir, y más aún para volver, en moto (4 horas de viaje, niebla, frío, tráfico y avería del motor), mereció la pena. Por supuesto, os recomiendo la experiencia: un fin de semana perdidos en un bello paraje rural, con tienda de campaña, bajo un cielo colmado de estrellas (nunca había visto nada semejante), disfrutando de conciertos, monólogos, cuentacuentos, proyecciones... Y de nivel, ¿eh?
Las peques y su puesto de limonadas en Les Rotes, ¡qué gran momento y qué éxito!
Pero, pero, pero..., eso no fue lo mejor del verano, que vino después. Y es que, sin esperarlo, entraron en mi vida dos pequeñas princesitas muy, pero que muy especiales, a las que estuve ayudando con el repaso de las asignaturas del cole. Fueron tres semanas tan sólo, más que suficientes para encariñarnos, sobre todo yo, porque de ellas es difícil no prendarse rápidamente. Listas, guapas, divertidas y aplicadas como ellas solas, algo fuera de lo común hoy en día. La mayor de "mis peques" es también bloguera y apunta maneras como escritora y/o dramaturga. La más pequeña tiene gracia, salero y una energía desbordante que le llevará a conseguir lo que ella quiera. Lástima que hasta el próximo verano no han de volver... Me echan de menos, como yo a ellas, o al menos eso me han dicho. Me llamaron hace unos días. ¡Me emocioné tanto!

20 de junio de 2011

¿Por qué las iaias son tan buenas?

El día ha comenzado con una pregunta dulce y agradecida de mi peque: "mami, ¿por qué todas las iaias (yayas) son tan buenas?". Está encantado con la suya , que lo malcría a base de bien. Pero la cosa no ha quedado ahí. He estado con mi amado Patrick y hemos tenido que pasar por casa de su abuela, a la que siento ya casi como mía porque me acoge como a una más de la familia y derrocha conmigo afecto y generosidad. Además, he visto hoy el post de una bloguera amiga de La culpa es de Milú en el que muestra unas preciosas licoreras que le regaló su abuela.

Vamos, que no he podido evitarlo, estaba predestinado, hoy tenía que hablar de mi abuela y contaros que mi devoción hacia ella era tan grande que no tiene fin y estoy segura que llegará hasta el último de mis días. ¡La echo tanto de menos! Aunque sé que está conmigo y estoy convencida de que es mi ángel de la guarda, que me cuida y me protege cada día. Espero que me guardéis el secreto.

Se llamaba, se llama María. Tenía una frondosa mata de lana plateada coronando su pequeña cabeza. Era bajita y rechoncha y andaba de forma algo renqueante, como un pingüinito, tambaleando su cuerpecillo ligeramente de lado a lado por las calles de su Zamora (la mi Zamora, decía). Me adoraba, era fan fatal de su nieta y lo remarcaba con un orgullo y una pasión que me hacían sentir grande, muy, muy grande... Cuando iba a visitarla me paseaba por las calles zamoranas más centricas para presumir de nieta, y de nieto también, de camino hacia el mercado en el que nos compraba verduras y carne de primera y algún que otro capricho. Luego preparaba unas ensaladas, un pollo guisado y un arroz con leche que nunca dejaré de echar en falta.
En su casa compartíamos cuarto. Siempre tenía en la garganta una especie de tosecilla-carraspera y el carácter independiente dejó como huella el hábito de hablar sola y entre dientes, sobre todo a la hora del rezo antes de acostarse. Tenía una pequeña virgen en la mesita, de las que se iluminan por la noche, que guardaba sus sueños y a veces desvelaba los míos por falta de costumbre. Pero la luz me permitía comprobar que mi abuela estaba a mi lado y que al día siguiente volvería a desvivirse por la nieta más guapa y más lista del mundo.

Antes de irse, mi abuela pudo conocer a dos bisnietos, ¡qué grande! Me apena que mi peque no la recuerde, pero se la imagina tan buena como la suya por todo lo que le cuento de ella. Doy gracias porque en mi familia no ha habido más fallecimientos que los de mis abuelos. Pero con ellos he aprendido que la muerte, además de cruel, tiene un punto de absurda. Cruel porque se lleva a alguien que estimas y que necesitas..., absurda porque en realidad no se lo lleva. Mi abuela, mi María, sigue en mí.

2 de junio de 2011

La culpa... pierde el "sentío"

Espero que recordéis, quienes seguís a La culpa es de Milú desde su (cercano) inicio, un post en el que os hablaba de "Un pedacito del paraíso". Por si acaso os refresco la memoria. Contaba en él que descubrí un rinconcito maravilloso, lleno de encanto, en el puerto de Xàbia (Jávea). Un rinconcito que despertó mi imaginación y provocó en mí la necesidad de encontrar a alguien interesante con quien compartirlo, convirtiéndolo en una cálida estampa intimista. Inteligente, atractivo, sensible, conversador y ¡¡fumador!! eran las condiciones para considerar al sujeto como interesante. Y destaco lo de fumador porque, sin saber el porqué, el rinconcito mágico de Xàbia me llevó a desear una velada entre humos, brisas y salitres.

Quiero confesar, con una gran dosis de rubor y de desconcierto, que lo he encontrado. Bueno, más bien ha aparecido. Si no fuera porque tiene un aspecto muy, pero que muy masculino, os diría que ha surgido de las aguas, como las sirenas. Y me siento frágil, desorientada...

Me veo torpe en estas lides. Creo que me costaría incluso escribirle. ¡Hablar se me da tan mal! No os lo podéis ni imaginar. Me habla y no sé qué decirle, ni cómo ponerme para no parecer tonta, que lo parezco, seguro. No soy capaz de centrarme en sus palabras porque tengo que invertir todas mis fuerzas en evitar que mis ojos se pierdan en su mirada, en mantener la distancia, en acallar mis deseos, casi en vano...
Me concentro en mis sentidos, creo que me palpitan hasta las pupilas. No sé qué hacer para no preguntarme cómo serán las caricias de esas jóvenes manos, para no preguntarle si vendría conmigo a un rincón mágico, para no anhelar el roce de sus labios.

Me siento frágil, desorientada..., y dichosa. La suerte me acompaña, estoy segura. Pocas veces en la vida te encuentras con un hombre atractivo, sensible, tímido, alegre y reflexivo que te altera todos los sentidos.


Si la diosa Fortuna me sigue sonriendo, puede que algún día el eco de mi risa resuene en el paraíso. ;)

1 de junio de 2011

Sorteo en Ministry of deco

¡Hola!

En el blog Ministry of deco mi amiga Elena ha puesto en marcha un sorteo de joyitas de La culpa es de Milú. Os animo a tod@s, sin excepción, a que os paséis por él y os informéis de cómo podéis ganar el premio, que son dos sortijas, una pulsera y un broche ideales para lucir en lo que nos queda de primavera y en los días y noches del tan esperado verano (a la vuelta de la esquina ya, no desaniméis).

Pues eso, no lo dudéis, visitad Ministry of deco y, además de poneros al día en cuanto a todo lo que se refiere a la decoración, también podéis participar en el sorteo y conseguir (by the face ;)) unas piezas de bisutería artesana.

Ea, que haya suerte. Y, a l@s recién llegad@s, gracias por la visita, espero que no sea corta.
http://ministryofdeco.blogspot.com/2011/06/sorteo-en-el-blog.html

25 de mayo de 2011

El prejuicio de la energía

No sé si La culpa es de Milú o de qué o quién es, pero esta humilde servidora hasta hace no mucho (unos días) tenía un gran prejuicio hacia todas aquellas teorías referidas a las energías que albergamos e irradiamos. El tema me resultaba casi esotérico y no me fiaba de las personas que afirmaban que hay quienes enturbian o alegran el ambiente, dependiendo de su energía. Me sonaba la cosa como al típico rollito de alucinado que se quedó en la galaxia del séptimo oso amoroso después de un porro adulterado.
Sirva este post para enmendar mi error.
Cosas de la vida, todo lo que últimamente me sucede está relacionado con las energías y ha servido para desengañarme y comprobar que lo mío no eran más que prejuicios. He constatado que existen personas que, aunque no sea conscientemente, ni por voluntad propia, albergan y emiten energías muy negativas que acaban por afectar al entorno más cercano. Sea por complejos, por la educación que han recibido o por lo que fuere (no estoy capacitada para determinarlo), sus almas encierran tal cantidad de negatividad que la relación con ellas es difícil, compleja y, por contagio, exasperante.


Pero, pero, pero... Tengo la suerte de haber podido comprobar que también hay personas del polo opuesto. Y es que he conocido a seres que han decidido tomar las riendas de sus vidas con toda la responsabilidad que ello implica, dispuestos a luchar por sus ideales desde la acción y el respeto, que no se dejan llevar por la corriente, y que se enriquecen con la ilusión y esperanza que en los demás generan. Y, de entre todas esas personas, he de destacar a una especialmente positiva.

La sonrisa es su bandera y la perseverancia su modus vivendi. No se queja, no se rinde. El "no" parece no estar en su vocabulario, ni las palabras descanso, rendición, ni retaguardia. La energía se pasea por sus labios y brinca divertida en las pupilas de sus ojos. Es palpable a medio metro de distancia, la notas revoloteando a tu alrededor y atravesarte las entrañas cuando te descuidas, como un fogonazo... Y no puedes evitar el deseo de querer atrapar esas chispas y llevártelas contigo para que te den las fuerzas que a veces tanto necesitas. Sí, amig@s, sí. Hay luces blancas en forma humana a nuestro alrededor, y para descubrirlas, basta con escuchar con los ojos y mirar con el corazón.

19 de mayo de 2011

El tamaño importa

Seguro que sois much@s más de lo habitual quienes habéis entrado a leer este post movidos por la vana esperanza, infundida por el título, de encontraros con un post en el que se va a tratar algo relacionado con el sexo. Siento decepcionaros, pero La culpa es de Milú no va a hablaros de tamaños de aparatos reproductores ni nada por el estilo, sino de otros tamaños, mucho más relevantes y, parece ser, tremendamente relativos.


Y es que, como siempre (¡qué cosas!), resulta que tengo una amiga que es grande, muy, muy grande, pero ella se siente pequeña, muy, muy pequeña... Esto me lleva a pensar que al final va a ser que el Pau Donés y Jarabe de Palo tenían razón cuando cantaban eso de "depende, todo depende, de según como se mire todo depende" (si le ponéis la tonada quedará mucho mejor). Será que se inspiraron en casos reales a la hora de componer la canción.



Me gustaría tener conocimientos de óptica u optometrista, o como se diga, e inventar unas gafas para corregir la alteración visual de mi pequeña gran amiga. Porque algo más grave que la miopía le impide ver que tiene un corazón equiparable en tamaño tan solo al mismísimo universo, que su generosidad es infinita y que su inteligencia nos deslumbra. Bajo su punto de vista, su gran valía se convierte en algo minúsculo y lo que los demás vemos como virtuoso desaparece bajo un manto de dudas e incertidumbres. Por fortuna sorda no es, esperemos que se sienta aludida la próxima vez que escuche esa canción de moda que dice: "you're amazing just the way you are".

17 de mayo de 2011

Guapa por dentro... ¡y por fuera!

Ea, pues eso, que La culpa es de Milú, que ya es guapa por dentro, quiere serlo también por fuera. Porque sí, porque le apetece, porque el envoltorio a veces también cuenta y porque seguro que os va a encantar.

Gracias a Patrick y a su prima Elena La culpa es de Milú tiene unos nuevos envoltorios para sus creaciones.

A partir de ahora anillos, pendientes, broches y pulseras irán dentro de unos saquitos de tela de arpillería hechos a mano, con una buena dosis de paciencia, mucho arte y muchísimo cariño. La culpa es de Milú apuntó la idea, Patrick se encargó del diseño, corte y confección y Elena de idear, crear y estampar el logotipo. ¡Qué gran trabajo!

Si es que..., no hay nadie más afortunado en el mundo. Al final La culpa es de Milú se está convirtiendo en el punto de encuentro y el foro creativo de unos buenos, imaginativos y generosos amig@s. Demostración palpable de que hay quien da sin esperar nada a cambio y, sobretodo, de que la buena gente y el amor incondicional existen.

7 de mayo de 2011

Rostros pálidos

La culpa es de Milú se ha tomado unos días, necesitados, de vacaciones. Pero está aquí de nuevo para presentaros las últimas creaciones y seguir contándoos cositas. En estos días, como podéis comprobar, el blog ha sufrido unos pequeños cambios y es que La culpa es de Milú se ha aplicado eso de "renovarse o morir" que está de moda y sienta tan bien en algunas ocasiones.

Esta semana la cosa ha ido del salvaje oeste. En La 2 pusieron una de las grandes, "Río Bravo", y yo que soy de poca tele no pude resistirme a la tentación de volver a verla. Hace unos minutos ha terminado una de las pelis de indios y vaqueros que tanto le gustan a mi peque y a la que he prestado poca atención. Pero se me ha quedado una escena en la que un indio hablaba con un "rostro pálido". Y la expresión me ha llevado a pensar en las personas que en realidad lo son, no por el color de su piel, sino porque su cara refleja el vacío que hay en su interior.


El día a día, la rutina, el conformismo y dejarse llevar por la corriente convierten a la gran mayoría en rostros pálidos. Poco a poco, y sin darnos cuenta, nos metemos en el bucle del ritmo que nos marca la sociedad actual. Familia, trabajo, casa y poco más van anulando esperanzas y difuminando los colores del espíritu si uno no hace nada por remediarlo. Así desaparecen la alegría y la ilusión, y se borran hasta los sueños, que acaban siendo un vago recuerdo de la juventud.

A la culpa es de Milú le gusta el color, así que..., ¡fuera palideces! Eso sí, nada de añoranzas, ni de pensar en lo que pudo ser y no ha sido. No. Hay que pensar qué es lo que nos gustaría hacer, es posible y está a nuestro alcance y ¡hacerlo! Un viaje, deporte, un curso, salir a tomar una copa... Un pequeño cambio nos sacará de la rutina y nos hará reverdecer. Ah, y cómo no, no estaría de más regalarnos o regalar alguna de las coloridas creaciones de La culpa es de Milú, para alegraros la vista y el corazón. ;)

19 de abril de 2011

Flores raras

Afortunadamente en esta vida no todo es blanco o negro. Aunque existe un denominador común, al que la mayoría considera "lo normal", éste convive, cada vez con más armonía, con la diferencia. Si no te fijas predomina la monotonía, pero hay que prestar un poquito de atención para comprobar que la variedad no es una ilusión y que, por suerte, hoy en día hay lugar para todo y para todos.

(La culpa es de Milú creó un anillo lleno de colores, acorde con los gustos de su futura dueña)

La moda es uno de los elementos que se empeña en que todos seamos iguales. Anula personalidades y da lugar a una monocromía que resulta de lo más triste y aburrida. Menos mal que están quienes tienen un poco de juicio y adaptan a su estilo propio lo que de la moda más les conviene. También hay quien rema a contra corriente y lleva la contraria a todo aquello que esté en boga. Luego, los que forman parte de grupos que creen que van contra la moda pero, en realidad, están siguiendo una moda. Y, finalmente, los que "van a su bola", cosa que creo que se está poniendo también de moda, pero aún no lo tengo claro del todo.

(Entre flores, los pendientes de La culpa es de Milú a juego con el anillo)

Los que siguen sus propias pautas no son tan rara habis como pensamos. Sin ir más lejos, en mi grupo de amigas tenemos una flor rara, descripción que le va al pelo puesto que le encantan las flores y combina todos los colores posibles a su antojo. No importa cuál sea la moda, ella tiene su estilo y no se aleja nunca de él, signo que delata un carácter sólido y acentuado como pocos. Esto no suele ser habitual entre las mujeres de hoy en día, porque lo más frecuente es encontrarse con temores, dudas y debilidades... No quiero decir que mi amiga es una dama de hierro como  la Tacher, no. Mi flor es sensible y tierna cuando tiene que serlo, ella lo tiene muy claro. Una gran virtud.